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GERMAINE DULAC

El cine puro

“El futuro pertenece a las películas que no pueden contarse”, escribía Germaine Dulac (Amiens, 1882 – París, 1942) en 1928. Un futuro, el que imaginaron aquellos primeros impresionistas del cinematógrafo, en el que el cine se despojaría de las ataduras de la palabra (la literatura, el teatro) para abrazar su ser esencial: aquel en el que máquina y artista se alían para destilar los poderes únicos y sobrenaturales de las luces y las sombras proyectadas. Una frase que sigue siendo una promesa, como las películas de Dulac siguen siendo vanguardia, obras en las que la luz pinta delicadamente en el celuloide impresiones de la naturaleza, música que se puede ver, la belleza del movimiento: un mundo nuevo hecho de imágenes. Pero Dulac también prefiguró un mundo nuevo, además de con su cine, con su forma de vivir y de pensar: pionera, feminista e intrépida, cineasta, periodista y crítica, mujer singular que soñó, e hizo realidad, un cine puro.

 

Thèmes et Variations
Francia, 1928, versión restaurada en 35mm, 11 min.
¡Evoco a una bailarina! ¿Una mujer? No. Una línea saltarina de armonioso ritmo. ¡Evoco una proyección luminosa sobre velos! ¡Materia precisa! No. Ritmos fluidos. ¿Por qué despreciar, sobre una pantalla, el placer que nos da el movimiento en el teatro? Armonia de líneas. Armonía de luz. Líneas, superficies, volúmenes evolucionando directamente, sin el artificio de la evocación, dentro de la lógica de las formas, despojadas de todo sentido demasiado humano para elevarse mejor hacia la abstracción y dejar más espacio a las sensaciones y los sueños: el cine integral. (Germaine Dulac)

Disque 957
Francia, 1928, 16mm, 6 min.
Textualmente, las impresiones visuales de Germaine Dulac al escuchar los Preludios 5 y 6 de Frédéric Chopin. Un disco que gira, música para los ojos.

Étude Cinématographique sur une Arabesque
Francia, 1929, versión restaurada en 35mm, 8 min.
Patrones, luz, sombras, movimiento: al filo de la abstracción, este estudio cinematográfico es una de las más puras manifestaciones de ese cine puro al que aspiramos.

L’Invitation au voyage
Francia, 1927, 16mm, 33 min.
Mi niña, mi hermana, / ¡Piensa en la dulzura / De vivir allá juntos! […] Muebles relucientes, / Pulidos por los años, / Decorarían nuestra alcoba. Evocando al Baudelaire de Las flores del mal empieza este film, transposición poética cuya delicadeza no debilita su visión única del deseo femenino y las ansias de libertad. Todo a través de la historia de una mujer, atrapada y solitaria bajo los yugos de la maternidad y el matrimonio, que conoce a un marinero en un bar: la irresistible (pero en absoluto inocua) invitación a surcar las aguas de la pasión, viaje soñado y sin retorno.

CGAI. 1/06. 20.30 h.

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