Sobre Sandra, la mujer de fuego
Por Manolo González
Cuando se indaga sobre el inclasificable Juan Orol, el adjetivo más usado por quienes analizan o ven sus películas es “delirante”. Considerado como el Ed Wood mejicano, su cine peculiar no deja indiferente a nadie y hasta ha llegado a ser considerado como “un surrealista involuntario”. Ridiculizado por la crítica – “no hay ni siquiera lugar o posibilidad para la crítica”(Eduardo de la Vega)- y adorado por el gran público, el director/productor/actor nacido en Lalín fue capaz, sin embargo, de conformar a lo largo de más de cincuenta films algunos de los subgéneros clásicos del imaginario popular latinoamericano: “la madre abnegada”, “charros y gánster” o el “melodrama tropical” en que se inscribe precisamente su película nº 27: Sandra, la mujer de fuego. info




